Historia
de la ciudad de Alicante
Orígenes
Vista del puerto y el Castillo de Santa Bárbara
Los orígenes de Alicante se remontan probablemente
a poblados íberos. Hay evidencia arqueológica de factorías comerciales
fenicias (el Palmeral de Elche, los Baños de la Reina en Campello...)
que presuponen la existencia de una factoría similar en Alicante, en
la que más tarde, colonos griegos de Focea, en Asia Menor, fundaron
un asentamiento llamado Akra
Leuka (Pico Blanco) en el 324
adC. En el 201 adC los romanos capturan la ciudad
y la llaman Lucentum.
En realidad, la ciudad se llamaba Leucante o Leucanto; Lucentum es
una latinización del nombre original que sólo existió en los mapas romanos.
Periodo
islámico
Entre el 718 y el 4 de diciembre de 1248 la ciudad
perteneció a los árabes, quienes ya llamaban Al-Laqant,
o Medina Laqant, a Alicante (obsérvese que el topónimo valenciano
es "Alacant"). Durante este periodo, la ciudad siguió los destinos
de Al-Ándalus y
tras el desmembramiento del Califato de Córdoba perteneció a las
Taifas de Denia y Murcia.
Conquista
cristiana
En virtud del tratado de Cazola (Soria, 1179) entre
Alfonso VII de Castilla y Alfonso II de Aragón, la frontera
meridional de Aragón se fijaba en la línea que une Biar, Castalla,
Jijona y Calpe. Por lo tanto Alicante pertenecía a la zona de expansión
castellana. En el año 1243, el gobernante de la Taifa de Murcia, Muhamas
ben Hud, firmó el Pacto de Alcaraz con
el infante Alfonso, que después se convertiría en el rey Alfonso X
el Sabio, por el cual el reino musulmán de Murcia se ponía bajo protectorado
castellano.
Aunque en principio se procedió a repoblar la ciudad,
la carencia de suficientes pobladores cristianos unido a razones económicas
aconsejó la permanencia de la población musulmana. Sin embargo, el
gobernador de Alicante, Zayyan ben Mardanis,
no aceptó el pacto y fue obligado a partir en 1247, fecha en la que comienza
la soberanía castellana de Alicante. La conquista militar se finalizó
el 4 de diciembre de 1248 con las tropas del rey castellano, comandadas
por su hijo el infante Alfonso, futuro Alfonso X el Sabio[1]. Por el Tratado de Almizra firmado
en 1244 entre los reyes de Castilla
y de Aragón, en el que se fijaron los límites de la expansión de sus
respectivos dominios en la línea de Biar a Villajoyosa,
Alicante permaneció bajo soberanía castellana por un espacio de 48 años.
El rey Alfonso X el Sabio, una vez tomada la villa a los andalusíes,
conmemora la victoria denominando al castillo árabe
construido sobre el monte Banu-lQatil (Benacantil) "Castillo de
Santa Bárbara", por
coincidir esta festividad con el día de la toma de la ciudad por la cristiandad.
Corona
de Castilla
Desde el principio, Alfonso X el Sabio intentó establecer
en Alicante un grupo de cristianos numeroso dada la importancia militar
y mercantil de la villa, pero el proceso repoblador fue lento y se
prolongó a lo largo de todo el siglo
XIII, aunque está poco documentado a causa de la desaparición de
los Libros de Reparto. Los repobladores cristianos, principalmente castellanos
y leoneses[2]. , recibieron
todo tipo de privilegios y franquicias para facilitar su asentamiento.
Con esta finalidad de asegurar mejor su creciente poblamiento e impulsar
más activamente su mayor promoción económica y comercial, en agosto de
1252 Alfonso X otorgó a la ciudad el Fuero Real, muy parecido
al de Córdoba. Dotó a la villa de un concejo fuerte, de numerosas execiones
fiscales y de un amplio término municipal, que abarcaba los municipios
actuales de Agost, Monforte del Cid, Aspe, Novelda, Elda, Petrel, Busot,
Aguas de Busot, Campello, Muchamiel, San Juan y San Vicente del Raspeig.
Además, el rey castellano dispensó grandes medidas de favor al puerto
de Alicante, considerado de gran valor estratégico.
Entre 1264 y 1266 Alicante estuvo inmersa en una
rebelión mudéjar que se extendió por casi todo el Reino de Murcia;
el rey castellano, empleado entonces en el asedio de Niebla, solicitó
ayuda a su suegro Jaime I de Aragón para sofocarla. Éste intervino
rápidamente y redujo todas las ciudades rebeladas a la aceptación de
la soberanía castellana.
Corona
de Aragón
Casco antiguo
Debido a una crisis dinástica por la sucesión de
Sancho IV el Bravo, el infante Fernando de la Cerda, un aspirante ilegítimo
a la Corona de Castilla, pidió ayuda a Jaime II de Aragón a cambio
de donarle, en caso de conseguir la Corona, el Reino de Murcia, según
los acuerdos secretos de Calatayud (1289), Ariza (enero 1296) y Serón
(febrero 1296). Aprovechando la situación, Jaime II procedió a la conquista
del Reino de Murcia.
Alicante fue conquistada en abril de 1296, a pesar
de la resistencia del alcaide del castillo Nicolás Pérez, terminando
con la soberanía castellana. La conquista fue, en parte, facilitada
por los colonos cristianos de origen catalán o aragonés (como, por ejemplo,
la ayuda de la familia Torregrossa, de cuyo escudo se basa el actual
blasón de la ciudad). Aún así, Jaime II respetó los privilegios e instituciones
anteriores aunque adaptándolas a la nueva situación política, particularmente
después de la incorporación de Alicante, y el resto de comarcas limítrofes
al Reino
de Valencia mediante la modificación de lo fijado en el Tratado de
Almizra (Sentencia Arbitral de Torrellas, 1304 y Tratado de Elche, 1305).
La repoblación cristiana continuó, esta vez con
catalanes y, en menor medida, aragoneses, con una velocidad y número
mayores, por lo cual la población originariamente castellana quedó
en minoría entre la población cristiana. Aún así, hasta la primera
expulsión de los moriscos, la población de origen árabe era mayoritaria
en comparación con los cristianos. La repoblación fue mayoritariamente
de leridanos, de ahí que la lengua utilizada desde entonces hasta el
siglo XIX, aparte del castellano, sea la que lingüísticamente se denomina
catalán occidental.
El crecimiento de principios de siglo XIV se vería
truncado a partir de 1333, cuando ya el hambre se dejó sentir en Alicante,
primera señal de la crisis que se acercaba: la Guerra de la
Unión (1348), la Peste Negra (1348) y la Guerra de los Dos Pedros (Pedro
I de Castilla y Pedro IV de Aragón) entre 1356 y 1366 que tuvo en Alicante
uno de sus principales escenarios. La villa estuvo en manos castellanas
y la población emigró, murió o cayó cautiva. Como consecuencia de ello,
la población se vio reducida a la mitad, al igual que en otras ciudades
del Reino de Valencia. Con la paz se inicia la reconstrucción social
y económica aunque los mudéjares prácticamente desaparecieron y los
judíos fueron una minoría. Pedro IV el Ceremonioso dictó numerosas
medidas para reactivar la economía y la paz social, aunque esto no
evitó el ataque contra los judíos de 1391 que acabó con la presencia
de esta comunidad en la sociedad alicantina.
Durante el siglo XV Alicante
continuó creciendo y una próspera agricultura orientada hacia la exportación
(vino, frutos secos, esparto) impulsó un notable desarrollo del puerto
y una clase media que controlaba el gobierno municipal. El único conflicto
bélico fue la guerra con Castilla de 1430 que
no tuvo excesivas consecuencias. La población continuó en aumento y este
progreso sirvió de justificación a Fernando el Católico para otorgarle
el título de ciudad en 1490.
Edad
Moderna
En 1510 Alicante era la quinta ciudad
del Reino
de Valencia. Desde la obtención del título de ciudad el desarrollo
institucional, económico y demográfico de Alicante fue palpable. El puerto
se convirtió durante la Edad Moderna en el más importante del Reino de
Valencia y propició el asentamiento de colonias de comerciantes extranjeros
que imprimieron un gran dinamismo al tráfico mercantil. La construcción
del embalse de Tibi a finales
del siglo XVI permitió
asegurar la producción de la huerta cercana a la ciudad, cuyo producto
principal era la uva, y por consiguiente el vino, junto con la barrilla,
el esparto y los frutos secos. El puerto además se convirtió en punto
de salida de los productos de La
Mancha y en un eficaz redistribuidor de algunos productos coloniales
y de salazones llegados del norte de Europa. El desarrollo económico
permitió a Alicante arrebatar a Orihuela, en 1647, la capital de la Bailía
meridional valenciana y posteriormente, en 1785, la creación de un
Consulado del Mar independiente del de Valencia.
Alicante fue objetivo militar en prácticamente todos
los conflictos bélicos. Así fue casi destruida en 1692 por
la escuadra francesa que dirigía el almirante D'Estrées y durante
la Guerra de Sucesión fue ocupada alternativamente
por austracistas y borbónicos. La voladura parcial del Castillo de Santa
Bárbara por parte del caballero d'Asfelt determinó la
salida de los aliados de la ciudad y el triunfo borbónico en esta parte
del Reino de Valencia. La Guerra de Independencia dejó
también sus secuelas como consecuencia de la crisis de subsistencia y
de los gastos militares, se construyeron nuevas murallas y el Castillo
de San Fernando, aunque las tropas francesas no llegaron a ocupar
la ciudad.
Época
Contemporánea
El talante abierto y liberal de los alicantinos
se manifestó a lo largo del siglo XIX. Muestras
de ello son el gozo popular por la Constitución española de
1812 y la desaparición de la Inquisición, las grandes dificultades
para formar un batallón de voluntarios realistas en 1824 para reprimir
a los liberales, la rebelión de Pantaleón Boné en 1844, el apoyo a
la Vicalvarada (1854) y al pronunciamiento de septiembre de 1868 que
dio paso al Sexenio Revolucionario. El primer club republicano se abrió
en Alicante alrededor de noviembre de 1868, y esta tendencia política
triunfó en las elecciones municipales de 1870.
La provincia de Alicante nació como tal en las Cortes
liberales de 1822, y correspondía con la antigua Bailía meridional
valenciana, si bien fue ampliada en 1833 con parte de la desaparecida
provincia de Játiva y los municipios de Villena y Sax. En 1847 comienza
la ampliación del puerto, y en 1858 finaliza
la construcción del ferrocarril entre Alicante y Madrid con el enlace
Alicante-Almansa. Entre 1854 y 1878 de derruyeron las murallas de la
ciudad.
Siglo
XX
Marina Deportiva de Alicante
Durante el periodo 1920-1935 la economía alicantina
se decantó por la industria mientras la agricultura se sumía en una
segunda crisis. Alicante fue una de las ciudades donde los republicanos
ganaron las elecciones municipales de 1931 y durante toda la II República
los partidos de izquierdas mantuvieron una mayoría holgada, tanto en
la ciudad como en la provincia. El primer alcalde democrático fue Lorenzco
Carbonell Santacruz elegido con un 81% de votos que realizó diversos
proyectos urbanísticos de importancia y fomentó la construcción de
escuelas públicas. En 1933, con la llegada del Sufragio universal,
votaron por primera vez las mujeres alicantinas, ganando el Partido
Socialista y en las elecciones generales del 16
de febrero de 1936 triunfó el Frente Popular con un 80,72%
de votos.
En el inicio de la Guerra Civil española, el bando
sublevado fracasó en un intento de poner sitio a la ciudad desde Orihuela
y otras poblaciones de la Vega Baja. Otro suceso importante fue el
fusilamiento, del diligente falangista José Antonio Primo de Rivera que
se encontraba preso en Alicante, el 20 de noviembre de 1936.
La ciudad sufrió durante la guerra 71 bombardeos
que causaron la muerte a 481 personas y el derrumbe de 705 edificios.
El peor ataque fue realizado por aviones italianos Savoia a las 11
del domingo 25 de mayo de 1938 cuando, tras soltar 90 bombas, murieron
313 personas, en gran parte mujeres y niños que se encontraban en el
Mercado Central. Muchos historiadores actuales sobre la Guerra Civil
española coinciden en equipararlo con el Bombardeo de Guernica.
A pesar de los bombardeos, la ciudad permaneció
fiel a la República hasta el final de la Guerra y por ello fue objeto
de técnicas de debilitamiento psicológico como por ejemplo el lanzamiento
de pan blanco envuelto en lemas fascistas en época de hambre. Puesto
que Alicante fue la última ciudad en caer en manos de las tropas franquistas,
en el puerto se vivieron escenas dramáticas entre los que esperaban buques
para partir al exilio; había orden de matar a toda persona que se encontrara
en la zona intentando huir, los buques extranjeros no aceptaban recoger
a nadie debido a la amenaza existente sobre el hundimiento de cualquier
barco que recogiera exiliados, los únicos barcos que corrieron el riesgo
por salvar a la población civil fueron los argelinos.
Centenares de alicantinos partieron hacia Orán creando
una colonia estable y un hermanamiento entre las dos ciudades que todavía
hoy persiste. En la tarde del 30 de marzo de 1939 entraban en la ciudad
las unidades de la División Littorio,
comandada por el general Gambará, con un ostentoso
desfile delante del Ayuntamiento y las principales calles de la ciudad.
La represión consecuente fue considerable al considerarse la ciudad y
la provincia como "rojas".
Calle Arquitecto Morell de Alicante durante las inundaciones de
1997
La década de los sesenta trajo
el desarrollo económico y el crecimiento demográfico que continuó en
las décadas siguientes. La economía evolucionó hacia el sector servicios,
especialmente hacia el turismo,
y se produjo el mayor desarrollo urbanístico de la ciudad, con el nacimiento
de nuevos barrios en el extrarradio.
Con la llegada de la democracia el gobierno de la
ciudad pasaría a manos del PSPV-PSOE desde 1979 hasta 1995, y
desde entonces gobierna el PP. En la década de los ochenta se trató de
solucionar el caos urbanístico mediante la creación de nuevas vías
de comunicación (Gran Vía, Vía Parque) y la dotación a la ciudad de
centros de salud, colegios públicos, institutos, centros sociales y
demás servicios municipales, en especial en algunos barrios que nacieron
en la etapa desarrollista.
Un problema debido al clima mediterráneo, pero también
del cambio climático y del urbanismo, son las inundaciones. El 19 de
octubre de 1982 caían 220 mm en la ciudad, un nuevo récord de lluvia
en menos de 24 h que causó numerosas pérdidas materiales. La Rambla
de las Ovejas llegaría a 400 m³/s, su máximo histórico, y sembraría
el caos en el barrio de San Gabriel, con dos muertos, lo que motivó
que tras la riada fuese canalizado el tramo final de la rambla. El
30 de septiembre de 1997 se vuelve a batir el récord de lluvia con
270 mm y la ciudad sufrió las peores inundaciones de su historia, con
cuatro muertos y una altura de las aguas que en algunos barrios como
Playa San Juan ó San Agustín superaron el metro. Se decretó un día
de luto oficial en el que las autoridades se dedicaron a drenar las
aguas que anegaban barrios enteros. Las pérdidas económicas fueron
cuantiosas, sobre todo en el centro de la ciudad y las playas, lo que
motivó un gran plan de defensa antirriadas cuya efectividad todavía
está por comprobar.
Siglo
XXI
Con el nuevo siglo, Alicante ha conocido un crecimiento
demográfico excepcional fruto de la llegada de inmigrantes. Esto, unido
a que las generaciones más numerosas son las que actualmente están
buscando vivienda, ha causado un nuevo auge urbanístico que conlleva
una expansión urbana. Para mejorar las comunicaciones se está llevando
a cabo la construcción del TRAM Metropolitano de Alicante, una combinación
de tranvía y metro ligero que será subterráneo en algunos tramos. Por
otro lado en la zona sur de la ciudad está el proyecto de la Ciudad
de la Luz, unos estudios de cine que ya están en funcionamiento.